Web Set

web set porque no puedo ser del web set
web set yo solo quiero ser del web set

tengo mi blog lleno de comentarios
todo mi facebook copado
voy a sus almuerzos privados
y en twitter me sigue cualquier colorado
con esa gente diferente
yo me codeo, que tipo inteligente
tengo el código agujerado
pero al menos tengo un iphone, lo he logrado

web set porque no puedo ser del web set
web set yo solo quiero ser del web set

We can be heroes

We can beat them
for ever and ever
oh, we can be heroes
just for one day

I will be king
and you,
you will be queen
we can be heroes
just for one day
we can be us
just for one day

No tengo grandes historias. No conozco la guerra o el hambre. No he salvado a nadie (aunque lo he intentado). No he hecho ningún descubrimiento extraordinario. El mundo no me debe nada importante, y yo estoy mas bien en deuda con el. No muevo multitudes. No se si me lanzaría al abordaje, o tomaría el fusil. Pero hoy, la epica me acompaña, y no puedo pensar en nada más heroico que nosotros prometiendonos la vida entera.

Alicia


Minutos antes, unos metros más allá, por las escaleras, cruzando el pasillo, Alicia apoyaba su rostro de porcelana sobre un gran pinguino de peluche llamado Linus. La niña miraba con tristeza los arboles y las luces de un país que le parecía no solo extraño, sino que cansado y muy enfermo. El cielo, como casí todas las noches, parecia triste, opaco. Lo unico curioso, divertido, eran los pequeños botes –“parecen de juguete”- que flotaban sobre el Mapocho.

Al rato se despidió de esa ciudad rota con un guiño adormilado. Alicia retrocedía en dirección a su cama cuando sintió un ruido raro, como un golpe seco. Arrastrando a Linus por la alfombra se acercó a la puerta. Entonces oyó algo parecido a un reto o un enojo. Quieta y congelada escuchó un aullido, un quejido, ¿o sería una risa?. Confundida y un poco austada cerró su puerta y dejó, luego de un buenas-noches te-quiero, al pinguino como guardian. Más tranquila, suspiró y caminó hacia un pequeño y hermoso tocador.

Alicia frente al espejo, miró su colección de peines nacarados. Sacó desde una caja forrada en terciopelo una libreta verdinegra. En ella –secretamente- escribió en fines:

Llueve. Cae agua. De nuevo. No me gusta la lluvia porque es como bañarse pero con el traje equivocado. Aquí llueve harto, demasiado. No como en casa. Alla hay bosques, que es como una ciudad pero de arboles y rios. Y alla no llueve, nieva. La nieve me gusta. Aca la nieve se queda en las montañas. Yo si fuera nieve, tambien me quedaria ahi. Aca abajo es feo, plomo y ruidoso. La Rayen me trajo de pura pesada que es. De puro tonta que es. No como mi dadda. El lo sabia todo todo. Yo le preguntaba y ya.

Mi dadda se fue. Se lo llevo el sol. Si no fuera por la Rayen igual podría verlo en la noche. Sentado en el cielo, mirandome, sacandole fotos a otras estrellas como el. En las noches miro y no se ve nada. Puras nubes cochinas, como de dia, pero más morado. Faltan uno, dos, tres, cuatro dias para el cumpleaños de dadda Janik y necesito un poquito de cielo para decirle que lo quiero.

(Fragmento)

Mil grullas

¿Y si nunca dejamos de caer?, me preguntaste antes de entregarte a los lobos mecánicos. Aún no sé que responder. Te diría que no hay actos heroicos, sólo reacciones desesperadas, y luego intenterías cortarme la garganta. Mil grullas reflejadas sobre mi café y ninguna tormenta a la vista me quitan la palabra.

El cuchillo

- ¿Es demasiado pedir?

- Si. No puedo hacerlo, y no puedo creer que me lo estes pidiendo.

- ¿Cual es el problema? Vamos. Tomalo.

- ¿Quieres que acabe contigo?

- No. Quiero que algo en ti muera.

algo esta roto

- Esto es sobre nosotros.
- No. Esto - respondió - es sobre la destrucción de un paisaje que nunca, nunca, existió.

Tenia razón. Vivíamos en una casa espectral, y por lo tanto, imaginaria. Treinta habitaciones: todas ocupadas por los fantasmas que invocábamos mientras la guerra nos susurraba el fin a lo lejos.

- Estas equivocada - mentí - esto es sobre nosotros. Sobre la estupidez de volver. Soy un idiota por escucharte. Por seguirte hasta aquí. Deberíamos estar donde corresponde, donde debemos.
- Aquí es donde debemos estar. Aquí es donde nos debemos. Esta es nuestra casa - dijo Rocío con demasiada vehemencia para ser tomada en serio.
- Esta no es una casa. Es una tumba. ¿No entiendes? Volverán, y lo sabes. Lo oíste en la radio. Se que lo oíste. - la tensión muscular abandono su rostro - Vienen las bombas y nada de esto quedara.
- Solo los arboles - dijo mirando por la ventana.
- Solo los arboles - susurre, mientras me dirigía a las escaleras.

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Hace varios meses atrás recibí un llamado telefónico. Era David Kushner, autor de Masters of Doom y colaborador de Wired Magazine. Estaba escribiendo una historia alrededor de la muerte de Chris. David estaba investigado un dato, que hasta entonces yo había descubierto pero nunca profundice: otro investigador en Inteligencia Artificial, Push Sighn del MIT, había muerto en circunstancias poco claras.
David tomo la historia que antes otros habían tomado, y la unió con lo que al parecer fue el suicidio de Push Sighn, semanas después de ocurrido el de Chris.
Chris y Push no solo estaban en la investigación de IA, sino que compartían cierto enfoque; ambos también eran canadienses y mantuvieron cierta correspondencia mientras liberaban sus respectivos proyectos, OpenMind y Mindpixel.
Durante este tiempo, y hasta la publicación del articulo titulado “Two AI Pioneers. Two Bizarre Suicides. What Really Happened?“, volví un tanto en el tiempo. Debía hacerlo. Tenia cierto sentido de la responsabilidad. Yo tengo aún los archivos de Chris, sus diarios de vida, su computadora, sus libros escritos en -y desde- los márgenes. Entré en sus correos electrónicos, conocí a sus obsesiones y limitaciones. Supe de una vida rota, extraña, brillante. Me reuní con Chris -el ausente- para hablar de sueños y perversiones, de sus hijos y sus amantes.
Si, recordé su muerte y esas horas en las que casi pude tocarla con mis dedos. Pero mejor aún, fui a pasear con el por sus playas y parques favoritos. Recibí, otra vez, sus libros como portales. Aproveche la oportunidad de decirle “gracias”, y desearle desde este lado del espejo la suerte de las leyendas.
Quizás, como Roy Batty de Blade Runner, simplemente he wasn’t meant to last.