
Es 1815. El Monte Tambora, en Indonesia, despierta y mata a 70.000 personas. Se los lleva con furia la misma sangre de la tierra. Las cenizas en cambio, permanecen. Se quedan hasta un año después. Sin necesidad de internet, o Al Gore, el daño es global.
1816 es conocido como El Año Sin Verano. Mientras los agricultores en toda Europa corren contra las heladas, una chica de 19 años no puede salir a caminar por los jardines. Desde su habitación mira el lago. Que vacaciones son estas, piensa. Suiza parece adelantar el gris cuadro de la industrialización. Mary Shelly entonces escribe. No necesita la ayuda de su amante (si, la muy de seguro había perdido la virginidad en al menos tres maneras), ni de su amigo todo intelectual y filosofo. Ella puede, de hecho, ella puede mas que ninguno. Mientras ellos juegan, ella hace la revolución. Mary Shelley les patea el trasero a todos y publica Frankenstein.
Dos siglos después, casi se nos olvidaba que las chicas son superpoderosas. Y vienen a patearnos, nuevamente, el trasero. Traen sus pechugas gloriosas y una imaginación como de cuento torcido, para contarnos el mundo en-rosa. Están aquí, y no son la resistencia; son, y fueron siempre, la vanguardia.
Literatura fantástica de chicas, hecha por chicas como nunca antes lo vimos. Descarguen el numero 22 de la Revista TauZero. A menos que no tengan los ovarios suficientes.
Las grandes alamedas, la ciudad completa, le pertenece a la sonoridad motora y mecánica. El resto, son y somos, recuerdos casuales y circunstanciales, de una historia demasiado antigua, larga y residual. Somos una molestia, un mal que destruye los modelos matemáticos, las simulaciones estadísticas. Estamos para romper los cristales líquidos de la tecnocracia empoderada que sueña con un mundo que funciona - bello y perfecto como una ecuación. Pero nos resistimos y las piezas no cuadran, los engranes ceden, la realidad colapsa. Atrapados en los intestinos de la maquina, un niño observa las veredas y llora.
los simpsons lo dijeron: la internet esta llena de pornografía. y los blogs no hacen mas que acentuar eso al construir un gran y orgánica malla de vidas expuestas, de conversaciones antiguamente susurradas o mentales, hoy por altoparlante. get used to it: pasamos de un mundo de consumidores de contenido, a una generación brutalmente generadora de contenidos. somos productores y escritores, poetas y artistas, de las letras, de las imagenes, del código.
si, somos una generación pornografa. eliminamos los limites entre ellos y nosotros. queremos vivir en un mundo pequeño, familiar, y para eso tomamos cada hebra posible para tirarlas y concentrarlas todas en un solo punto radiactivo y mutante. en el estamos todos, mirando y siendo observados. ya no hay estrellas o héroes. nos orinamos sobre los mármoles.
odiamos la televisión y nos encanta poder odiarla. y mientras, aquí continuamos cubriendo de basura la web. y la web no es otra cosa que un gran campo de batalla de ideas y frases, donde acabamos desangrándonos hasta encontrarnos.
si, soy pornográfico: miren mis entrañas.